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El Mito de Vichama y la Historia Regional

Posted by By at 30 junio, at 20 : 31 PM Print

Escenas en homenaje al Dios Vichama.

Vichama no sólo es el Dios de los naturales de Végueta, sino de todo el espacio territorial comprendido entre Barranca y Pasamayo. Tras el mito de Vichama no están sino las penurias, luchas, conquistas y logros que atravesaron los hombres que habitaron estas tierras. Está la explicación de parte de nuestra historia regional. Explica el inicio de la humanidad recordando que la cultura en esta zona tiene más de 5000 años de antigüedad como lo revela el hallazgo de Caral, Bandurria y otras evidencias arqueológicas de esta parte de la costa peruana.

El Mito de Vichama

En los principios del mundo, Pachacámac da vida a una pareja humana, pero no les proporciona alimentos, lo que provoca padecimientos de hambre; producto del hambre fallece el hombre; la mujer, que a duras penas conseguía algunas raíces  para alimentarse, se queja de sus penurias ante el Sol, solicitándole socorro. El Sol, condolido de la soledad de la mujer, la fecunda y permite el nacimiento de un niño a los cuatro días. Pachacámac, al enterarse de la intromisión de su padre el Sol, colérico toma al niño y lo despedaza. Para que no faltasen alimentos siembra las partes de éste y brotan: de sus dientes, maíz; de sus huesos, yucas; de las otras partes del cuerpo, pepinos, pacaes y los demás frutos de la tierra, generando abundancia en los llanos.

La madre llora la pérdida del hijo y el Sol interviene nuevamente y del ombligo y cordón umbilical del niño lo resucita, asignándole el nombre de Vichama (Villama, o Vichma); en una de las ausencias de Vichama ya jovenzuelo, Pachacámac mata a la anciana madre y abandona su cadáver a los buitres y cóndores. Vichama monta en cólera persiguiendo a Pachacámac sin lograr alcanzarlo y descarga su rabia contra los naturales a quienes da muerte; luego de hallar sus huesos devuelve la vida a su madre, con apoyo de su padre el Sol, y arrepentido de haber dado muerte a los naturales solicita apoyo a éste, convirtiendo sus restos en huacas. Ante los ruegos de Vichama de repoblar las tierras, el Sol  deja caer tres huevos: uno de oro del que salen los curacas y los principales; otro de plata del que surgen las mujeres de los primeros y; el tercero de cobre del  que aparecen los plebeyos, es decir los mitayos y sus mujeres.

La historia tras el mito

Como en otros lugares del mundo andino las divinidades poseían sus dobles. Así, Pachacámac tenía su doble o “hermano” que era Vichama. Esto no era sino la réplica de la manifestación de los curacas o incas (en el caso del Cusco) que tenían sus huauques o hermanos que compartían o ayudaban en las tareas de gobierno. Uno de ellos destacaba sobre el otro. Pachacámac era el más poderoso y cuyo prestigio se debía a sus oráculos y vaticinios. Pachacámac era el dios del reino de los Ichma o Ishmay.

Pachacámac y Vichama no son solo hermanos, son igualmente los polos opuestos de la cosmovisión de la costa central. El primero es el dios de la noche, de las  tinieblas, de los temblores; el segundo, el dios del día, de la vida, de la fertilidad. Representan la eterna lucha entre el día y la noche; de ahí que Vichama nunca encuentre al otro pese a su búsqueda incesante. Ambos estuvieron representados en el ídolo de dos caras: Vichama, como dios del día, sosteniendo mazorcas de maíz; Pachacámac, como el dios de la noche, adornado de plumas de cóndores y gallinazos.

El mito y la historia regional  

Los primeros grupos humanos sufrieron la escasez de frutos y animales, pues desconocían actividades como la ganadería y agricultura. En los años de lucha por sobrevivir estos fueron acumulando conocimientos y experiencia que les permitieron realizar actividades de experimentación en la domesticación de algunas plantas. El río Huaura, los ríos Supe, Pativilca o Fortaleza, serían los espacios dedicados a esta paciente labor. Los hombres ya no serían nómades, por fin descansarían de su duro trajinar en búsqueda de alimentos. Su sedentarismo los forzaría a construir sus viviendas, su población crecería.

Pero, como nos narra el mito, aparecerían nuevas dificultades para los hombres: La disputa por el control de las tierras y espacios dedicados a la agricultura. Luchas entre ayllus. De otro lado, las contradicciones al interior de la colectividad (ayllu) provocarían la desigualdad entre determinados grupos, con la legitimación de derechos y privilegios para unos (los provenientes del huevo de oro, los curacas y principales), como de los deberes y obligaciones para otros (los que nacieron del huevo de cobre, los plebeyos). Como los dioses (el Sol, Vichama) así lo habían dispuesto, había que aceptar la realidad sea por las buenas o por la imposición de la fuerza.

Los hombres de estas tierras utilizaron el mito de Vichama para reproducir su historia. El mito de Vichama, como parte de la memoria colectiva, fue construido en el curso de muchos años, con olvidos y recuerdos, acorde con los intereses de aquellos que se tornaron en beneficiarios de las bondades del tipo de sociedad predominante. Por lo mismo, parte importante de la historia regional está presente en este mito. El mito convertido en religión tornó a Vichama en un Dios local o regional, con derecho a templo o huaca, como a las ofrendas y demás consideraciones, tal como ocurría con los hombres que provenían del “huevo de oro”.

Las expresiones ideológicas, como el culto a Vichama, eran simbolizadas o representadas en la cerámica, los telares, la escultura, los frisos de los murales y posiblemente en el tatuaje. Éstos, con su distribución, desplazamiento o circulación, desempeñaron la función de breviarios, biblias o medios de transmisión y formación dentro de la concepción de la época, contribuyendo a su culto por pueblos de un espacio geográfico muy considerable.

Fuente: Filomeno Zubieta Núñez

HUAURA , ,

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